Examen detallado de los perfiles de radicalización, sus motivaciones fundamentales y los indicadores específicos de riesgo asociados a cada ideología.
Vertiente extremista que justifica la lucha armada (Yihad menor) para restaurar un califato global e imponer una interpretación rigorista y excluyente de la ley islámica, aplicando la noción de takfir (excomunión/condena a muerte) a quienes no comparten su visión.
Sostenido en el supremacismo, racismo o ultranacionalismo excluyente. Su narrativa se ancla en el miedo paranoico a un "Gran Reemplazo" cultural, propugnando en última instancia la eliminación o expulsión violenta de ciertos grupos étnicos o religiosos.
Basado en el rechazo total al Estado de Derecho capitalista, considerándolo ilegítimo. Fomenta tácticas de sabotaje grave, daño a la propiedad estructural ("ataques directos") y violencia en vía pública contra fuerzas y cuerpos de seguridad.
Asume que el uso letal de la fuerza está justificado y es moralmente superior ante un imaginario de "opresión sistémica" estatal sobre una geografía concreta o identidad poblacional.
Subcultura radical nacida en las profundidades de internet (*Involuntary Celibates*) que culpa sistemáticamente y con extremo odio a las mujeres de su propia privación emocional, llegando a ensalzar tiroteos masivos o atropellos para buscar "justicia social".
Perfil que actúa y prepara sus ataques físicamente solo, aunque esté ideológicamente conectado y jure lealtad online a redes globales. Suponen el reto máximo profiláctico dado su bajísimo nivel de firmas previas ("ruido electrónico").
Hoy día, casi ninguna de estas tipologías prescinde del entorno digital. La Ciberradicalización refiere a la aceleración algorítmica y el enclaustramiento dentro de cámaras de eco donde el material de la tipología se auto-valida 24/7 sin contacto con opiniones disidentes ni presenciales.